Día 3 – Bahir Dar

Ponemos rumbo al norte bastante temprano, pues tenemos 555 kilómetros (12 horas) hasta Bahir Dar.

A lo largo del camino hicimos varias paradas, todas ellas en aldeas remotas donde nada más parar la gente venía a nuestro encuentro pidiéndonos ayuda casi con desconsuelo. Unos querían que les curásemos heridas, otros que les diésemos colirio para sus ojos. Además de darles agua limpia poco más podíamos hacer por ellos. Llevábamos un pequeño botiquín, pero no podíamos darles nada no fuera a ser que les diera alergia algún medicamento y fuese «peor el remedio que la enfermedad».

Con el alma en los pies hicimos lo que pudimos que fue muy poco. Lavar, curar y cubrir sus heridas. Aún así nunca perdían la sonrisa. Aquel prometía ser un viaje muy duro.

Llegamos de noche a Bahir Dar y nos pusimos a buscar alojamiento para dos noches en Tana Pension (200 birr hab. doble 2 noches), un alojamiento bastante cutre, donde sólo podíamos alojarnos si dormíamos chico con chica, no valía dormir dos hombres o dos mujeres en la misma habitación.
Al día siguiente visitaríamos el Lago Tana y las cataratas del Nilo Azul.

Día 4 – Lago Tana

Nos levantamos temprano y compramos fruta para desayunar. Habíamos quedado con nuestro chofer para visitar el Lago Tana.

 El chofer nos llevó a la orilla sur del lago, pero no nos dejó en el embarcadero. Allí había una sola barca. Mi intuición femenina me llevó a pensar que era un coleguita del chofer y estaban dispuestos a sangrar a los blanquitos. Wala!! no me equivoqué lo más mínimo, nos pedía el oro y el moro.
Exigimos que nos llevase al embarcadero, y allí ya nos encargaríamos nosotros de negociar con algún barquero, cosa que se negó a hacer insistiendo en que escuchásemos al barquero.
Al final ganamos el pulso y conseguimos la barca al precio que le dijimos (125 birr).

Por fin nos pusimos a navegar por el lago Tana, el más grande de Etiopía (84 km de largo por 66 km de ancho).

Hay treinta y siete islas sobre la superficie del lago Tana, de las cuales, veinte albergan iglesias y monasterios de gran valor histórico y cultural. Estas iglesias, que están decoradas con preciosas pinturas, dan cobijo a tesoros innumerables.

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Debido a su aislamiento, se solían utilizar para almacenar los tesoros artísticos y las reliquias religiosas de todo el país.

El acceso a alguno de los monasterios está restringido a mujeres. Esto nos pasó a nosotras en uno de los tres que entramos. La entrada en cada uno cuesta 100 birr/persona.

 Debre Mariam posee una biblioteca de manuscritos extravagantes.

Cataratas del Nilo Azul

A unos 30km aguas abajo de la ciudad de Bahir Dar llegamos al pequeño pueblo de Tis Isat, donde está la caseta para pagar y poder acceder a las cataratas del Nilo Azul (40 birr/persona presentando un carnet, vale cualquier cosa con forma de carnet, el de estudiante, la tarjeta sanitaria, el carnet de la biblioteca y hasta la tarjeta de crédito) y 20 birr más por pasar el río de una orilla a otra en barca.
Desde allí mismo nos pusimos a caminar, el sol apretaba con justicia. Los campos y caminos por donde pasábamos apenas tenían sombras, pero el entusiasmo superaba el calor.

El camino a las cataratas comienza 50m. al oeste de la oficina de tickets, desde allí se camina al este un kilómentro hasta que se ve un cartel en un cruce que indica el camino a las cataratas. Se gira a la izquierda hacia el norte y después de 400m. se ve un camino de rocas a la izquierda que llevan al puente portugués. Girando al oeste y ascendiendo una pequeña colina se llega a las cataratas.
Desde el mirador principal se continúa a lo largo del camino sobre el río Alata antes de retroceder hasta la base de las cataratas.
Desde aquí puedes completar el circuito por encima de las cataratas y cruzarlas en barco.
El camino entero no debería de llevar más de 90 min. Está abierto de 6:30 a.m. a 6:00 p.m.

El puente portugués tiene 8 arcos y unos 70 m. de longitud. Fue construido en el siglo XVII por artesanos portugueses.

De repente allí estaba la cascada del Nilo Azul con sus 40m. de altura. No era su época más esplendorosa pero caía agua suficiente para causar un ruido ensordecedor.

 

Teníamos un hambre voraz así que fuimos a cenar injira, el plato típico etíope por excelencia (115 birr para dos personas). Paseamos por las calles de Bahir Dar y nos acostamos temprano, al día siguiente pondríamos rumbo a Lalibela, 350km, 8 horas.

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