El 4×4 marcaba 40ºC cuando salimos de Turmi para dirigirnos a un descampado en medio de la nada donde se celebraría el ritual del salto del toro “bull jumping” o “Ukuli Bula”, al que nos dejarían asistir bajo previo pago de 100 birr/per. Cuando llegamos ya había un montón de Hamer a pesar de faltar tres horas para el comienzo.

No entendíamos por qué nos habían llevado tan pronto a aquel lugar desolado. Pese a meternos a la sombra de las acacias el calor era insoportable, pero enseguida supimos qué hacíamos allí. Antes de comenzar el propio acto del salto del toro, las mujeres Hamer realizan su propio y macabro ritual.

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Las mujeres que participaban en el ritual, llevaban un manojo de pequeños cencerros en ambas piernas que hacían sonar cuando practicaban una danza primitiva.

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Al rato todas dejaban de bailar e iban a sentarse junto con otras mujeres a la sombra, excepto una, que se dirigía desafiante a un grupo de hombres y cogiendo a uno de ellos del brazo, lo arrastraba hasta el medio de la explanada y le invitaba a azotarla. Él, al igual que todos los hombres, llevaba una vara fina en la mano y sin pensarlo dos veces, comenzó a golpearla en la espalda.

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No dábamos crédito a lo que estábamos viendo. El ruido que producía la vara al golpear la espalda de aquella joven Hamer una y otra vez nos hizo estremecer.

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Sin embargo a ellas parecía encantarlas. No se inmutaban lo más mínimo, saltaban y sonreían siguiendo con su fiesta particular a la vez que lucían sus espaldas sangrantes.

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Las jóvenes casaderas aguantan los latigazos de los jóvenes Hamer sin el más mínimo quejido para demostrar su valor y fortaleza física, siendo así merecedoras de su amor. Por lo que cuantas más cicatrices tenga una mujer a causa de este rito, más respetada y valorada será. Así que si las jóvenes tienen suerte y se las infectan las heridas (cosa fácil) mucho mejor, así las cicatrices quedan abultadas dejando grabado para siempre la valentía en su cuerpo.

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Una mujer Hamer puede comenzar a recibir azotes a partir de los diez años. No cabe la posibilidad de que ninguna rechace esta costumbre ya que sería repudiada. El gobierno ha intentado acabar con esta tradición pero son las propias mujeres Hamer las que se niegan a acabar con esta práctica.

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Mientras tanto, varones Hamer preparan la ceremonia para el salto del toro o “Ukuli Bula”, un ritual que todo varón de la tribu debe realizar para pasar de la niñez a la edad adulta para poder casarse. Rito que también practican los Karo.

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Los amigos más próximos del “ukuli” (nombre que recibe el saltador) decoran sus rostros con llamativas pinturas para la ceremonia. Mientras tanto, el “ukuli” se prepara para acometer una de las pruebas más importantes de su vida, aunque el rito para él ha comenzado hace un mes, tiempo que lleva alimentándose solamente de miel, leche y sangre de vaca.

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Casi tres horas después de dar comienzo a aquella insoportable e incomprensible costumbre que protagonizaban las mujeres Hamer llegó a su fin. Las orgullosas mujeres con sus espaldas descubiertas y totalmente ensangrentadas pasaron a ser meras espectadoras del ritual del salto del toro que estaba a punto de comenzar.

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Los hombres de la tribu colocan varios toros en fila. El adolescente con su peinado característico y completamente desnudo debe saltar sobre el primero y andar sobre el resto; al llegar al final debe girar y deshacer sus pasos sin caerse, hasta tres veces. Si el joven se cae antes de acabar tendrá que repetirlo al año próximo, pero si consigue terminar el ritual con éxito aún le quedará pasar un mes absolutamente solo en el campo, defendiéndose y alimentándose solamente con sus manos, sólo de esta manera conseguirá completar el ritual con éxito alcanzando la madurez, entendiendo por ello que ya está preparado para elegir mujer y contraer matrimonio.

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Hoy nos iríamos a la cama con un sabor agridulce, aquellos momentos fueron los más duros que hemos vivido en nuestros viajes y estas imágenes jamás se borrarán de nuestras retinas.

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