Córdoba fue una importante ciudad romana y uno de los principales centros islámicos de la Edad Media. Es una ciudad en la que el arte, la historia y la mezcla de culturas cristiana y musulmana se esconden en cada rincón. Es sinónimo de patios de naranjos y calles repletas de flores y una de las 15 ciudades declaradas Patrimonio de la Humanidad en España.

A parte de por su mezquita, Córdoba es famosa por la gran fiesta de los patios, celebrada a mediados de mayo. Es entonces cuando se abren todos los patios de la ciudad: los hay señoriales, que presiden casas y palacios, los hay populares y los hay más pequeños. Los patios más famosos son los de los barrios de San Basilio, Santa Marina y San Lorenzo, que están adornados con 300 macetas, y en los que, a través de la jungla de geranios y gitanillas, aún puede verse a la dueña regando las plantas más altas con una lata atada al extremo de una caña.

Esta ciudad es un imprescindible en cualquier ruta por Andalucía, junto con Granada y Sevilla. Para conocer Córdoba al máximo hemos diseñado un paseo por la ciudad para descubrir todos y cada uno de sus maravillosos rincones.

De la torre de la Calahorra a la judería

Torre de la Calahorra - Córdoba

Una buena opción es introducirse en la ciudad monumental desde el sur. Allí mismo, a la vera del Guadalquivir, se alza la Torre de la Calahorra (precios y horarios), de cimientos califales pero de hechura cristiana. Además de puerta meridional, ha sido cárcel de nobles, cuartel de tropas y guardia civiles, escuela de niñas, museo Histórico de la ciudad y desde 1987 museo vivo de Al-Ándalus, una exposición audiovisual en la que se repasa la deslumbrante cultura de la España andalusí. Llama la atención una gran maqueta de la mezquita en la que se han reproducido las 900 columnas que tenía en el siglo XIII y en la que pueden interpretarse, gracias a un sistema luminoso, sus diversas fases constructivas. La más bella perspectiva de Córdoba es la que se obtiene desde la azotea de esta torre, que vigilaba el acceso a la ciudad a través del puente Romano. El río en primer plano, en segundo la mezquita y al fondo las montañas de Sierra Morena.

Puente Romano - Córdoba

La sensación de viajar atrás en el tiempo se acrecienta al cruzar el río por el puente Romano, un viejo gigante de 270 metros que salva la corriente en 16 arcos desde el siglo I a.C.

Puerta del Puente - Córdoba

Ya en la otra orilla, la puerta del Puente recuerda el lugar de la antigua muralla donde se hallaba el fielato sur, la oficina en la que se cobraban los impuestos por el tráfico de mercancías. Este arco triunfal fue construido en 1572.

Triunfo de San Rafael - Córdoba

Justamente a su lado se encuentra el Triunfo de San Rafael, el monumento más importante y vistoso que la ciudad de Córdoba ha dedicado a su santo custodio. Se levantó entre 1765 y 1781, después de que la población se librara de los estragos de un terremoto, en lo cual se creyó que tuvo que ver el susodicho arcángel.

Calle Torrijos - Córdoba

La monumental calle de Torrijos invita a bordear la espectacular fachada oeste de la mezquita para acceder, por la puerta de los Deanes, al patio de los Naranjos, auténtica plaza pública de la ciudad durante el califato, y en la que se purificaban los fieles antes de la oración.

Patio de los naranjos mezquita - Córdoba

Las palmeras que daban sombra a este patio fueron sustituidas por 96 naranjos en el siglo XVI, y el viejo alminar que se erguía desde 951 en el flanco norte, junto a la puerta del Perdón, acabó embutido en un campanario de 54 metros que dicen que es la torre barroca más alta de Córdoba. Subir a ella supone tener unas vistas espectaculares de Córdoba (entrada: 2€).

Torre campanario mezquita - Córdoba

Entramos en el templo por la puerta de las Palmas, tras la cual aparece, sumida en una misteriosa penumbra, la primitiva mezquita. Recomendamos madrugar, porque de 8.30h a 9.30h no sólo hay mucha menos gente, sino que encima es gratis. «Al que madruga, Alá le ayuda», (precios y horarios).

Mezquita - Córdoba

Merece la pena contemplar sin prisa el bosque de columnas y capiteles procedentes de edificios romanos y visigodos, sobre los que se apoyan los arcos superpuestos de dovelas blancas y rojas que empezó a plantar Abderramán I en 785 y concluyó Almanzor en 987. Luego hay que dirigirse hacia las deslumbrantes decoraciones de la maqsura y el mihrab que patrocinó al-Hakam. En el siglo XVI, el Cabildo tuvo la ocurrencia de plantar una catedral en el centro de la mezquita. Además de ésta, se levantaron numerosas capillas de distintos estilos, como la Real, mudéjar, o la de Santa Teresa, donde se expone la gigantesca custodia gótica de Enrique de Arfe. En cualquier caso, es sin duda, una de las mayores maravillas del arte islámico en Occidente.

Visto el mayor tesoro de Córdoba, volvemos al río para continuar el recorrido aguas abajo, pasando junto al molino de la Albolafia. Esta enorme noria de origen árabe suministró agua a los jardines del Alcázar de los Reyes cristianos hasta que Isabel la Católica la mandó desmontar, porque el chirrido de su eje no la dejaba dormir.

Llegamos al Alcázar de los Reyes Católicos (precios y horarios). En esta fortaleza palatina, construida por Alfonso XI el Justiciero en 1328, Enrique II mantuvo amores con la portuguesa Juana de Sousa; Pedro I el Cruel escuchó buenas nuevas de sus batallas ganadas y malas nuevas de las perdidas, y los Reyes Católicos recibieron en audiencia a Cristóbal Colón para aprobar su loca aventura de viajar a las Indias por el otro lado.

Hay que subir a la torre de los Leones para ver la bóveda octogonal de crecería. Hay que bajar al salón de los Mosaicos para admirar las obras maestras romanas que descubrieron a mediados del siglo XX bajo la plaza de la Corredera. Y, sobe todo, hay que pasear por los jardines, que rodean estanques llenos de nenúfares.

Junto al Alcázar se encuentran las caballerizas reales, un macizo edificio que mandó construir Felipe II para criadero de caballos en 1570, y los baños del Alcázar Califal, concebidos para uso exclusivo de al-Hakam II y su corte, albergan un museo dedicado al ritual del baño en el mundo andalusí.

Puerta de Almodóvar - Córdoba

Continuamos por la calle de Cairuán, que discurre paralela a la muralla medieval hasta la puerta de Almódovar, una de las nueve que tenía la ciudad en aquella época.

Sinagoga - Córdoba

Si la atravesamos, nos encontramos con el barrio donde vivió la comunidad hebrea hasta finales del siglo XV, un puñado de calles angostas y enrevesadas. Lo más evocador de la judería se halla en torno a la plaza de Maimónides, con casonas barrocas abiertas a frescos patios y edificios históricos como la sinagoga (entrada gratuita) decorada con espléndidos atauriques mudéjares, fue construida entre 1314 y 1315, y tras la expulsión de los judíos sobrevivió como hospital de hidrófobos, como ermita de San Crispín y como escuela infantil.

En la misma calle abren sus puertas la Casa Andalusí y la Casa de Sefarad, evocadoras de la vida cotidiana de la Córdoba mora y judía. Desde aquí también se accede al zoco, un patio rodeado de talleres de cerámica, plata, cuero, marionetas y pepel maché, donde, además de comprar, puede verse trabajar a los artesanos.

Calle de las Flores - Córdoba

Atravesando la sugerente plaza de Maimónides, la popular plaza de Judá Leví y la aglomerada calle de Deanes, se llega a la silenciosa y solitaria calleja de la Hoguera, llena de recodos, pasadizos, aromáticos naranjos, puertas de traza moruna y plazuelas íntimas, que parecen patios privados. Al lado están los baños árabes de Santa María, del siglo X, cuya sala fría es hoy el patio abierto de una casa particular, con sus galerías originales de arcos de herradura y capiteles califales. Y también está otra de las callejuelas más pequeñas y bellas del barrio, la calle de las Flores, que con sus paredes forradas de macetas de geranios y gitanillas, y con la torre de la Mezquita asomando por encima. es uno de los rincones más fotografiados de Córdoba.

De plaza en plaza

Un caballito en lo alto de una fuente renacentista da nombre a la plaza del Potro, rincón de los más emblemáticos de Córdoba. Fue asiento de posadas y mesones donde negociaban los que eran atraídos por el mejor mercado de caballos de Andalucía. A un lado está la antigua posada del Potro y al otro, el antiguo hospital de la Caridad, que fue fundado a finales del siglo XV para atender sólo a varones que no tuvieran enfermedades venéreas ni contagiosas, un hospital para sanos, vaya. Hoy alberga dos museos: el de Bellas Artes y el Julio Romero de Torres. Una sala de esta casa-museo atrae a los visitantes más que ninguna otra, la dedicada a la mujer.

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La calle Julio Romero de Torres nos lleva hasta la plaza de Jerónimo Páez, rodeada de fachadas señoriales del palacio de Casas Altas, más conocido como la casa del Judío, y del palacio de los Páez de Castillejo, el gran monumento renacentista de Córdoba, que desde 1965 es sede del Museo Arqueológico. Todo ello, sobre las ruinas de un teatro romano que tenía una capacidad para más de 12.000 espectadores.

Subiendo por Ambrosio de Morales y por María Cristina, sin hacer más que un breve desvío a la izquierda para contemplar la monumental plaza de la Compañía, se llaga a Claudio Marcelo, donde se encuentran las columnas de un templo romano edificado en el siglo I en honor a la diosa Diana. Si se entra en la casa consistorial, se pueden ver los cimientos de lo que fue el foro.

Templo Romano - Córdoba

Frente al Ayuntamiento, está la iglesia de San Pablo. Fundada en el siglo XIII, como todas las Fernandinas, tiene un artesonado de estilo mudéjar, una soberbia Virgen de la Angustias labrada por Juan de Mesa y un carrillón de 32 campanas y de más de 200 melodías, adquirido en la Exposición Universal de París de 1900. Tras arrebatársela al moro en 1236, el rey Fernando III «el Santo» llenó la ciudad de templos cristianos con aspecto de fortalezas medievales en las que el románico aparece entreverado con el gótico y el mudéjar. Estas son conocidas en Córdoba como iglesias Fernandinas (incluidas en la entrada de la mezquita, si no 5€).

Plaza de la Corredera - Córdoba

No muy lejos, bajando por Rodríguez Marín, llegamos a la plaza de la Corredera. Es la gran sala de estar de la ciudad. Aunque la mayor parte de la plaza data del último cuarto del siglo XVII, la mitad derecha del muro sur es de mediados del XVI. Fue en 1687 cuando se le dio su actual aspecto; castellano, austero y barroco, con 61 arcos de medio punto apoyados sobre pilares cuadrados y 360 balcones asomándose a su planta rectangular. La plaza de la Corredera ha sido escenario de corridas de toros, de recepción de reyes, de autos de fe y de ejecuciones públicas.

Subiendo de nuevo al templo romano y recorriendo toda la calle de Claudio Marcelo llegamos a la plaza de las Tendillas, la más ajetreada de la Córdoba contemporánea. Cerca se hallan algunas de las tabernas más famosas de Córdoba, como Góngora o Casa El Pisto, y las principales calles comerciales, como la del Conde de Gondomar; 150 metros de vía peatonal entoldada que conduce a otra de las iglesias Fernandinas, la de San Nicolás. Lo más destacado de este templo es su torre-campanario, que se asemeja a un faro. Si seguimos hacia el norte por Victoriano Rivera y Barqueros llegamos a la plaza de San Miguel, donde se encuentra otra de las iglesias Fernandinas, la de San Miguel, levantada a finales del siglo XIII sobre los escombros de una mezquita.

Más al norte, avanzando por San Zoilo y Conde de Torres Cabrera, se encuentra la plaza de Capuchinos, rodeada de muros blancos de iglesias y conventos, alberga en uno de sus flancos al Cristo de los Faroles.

Por los barrios cristianos

Al norte de la ciudad se encuentran los restos de la puerta del Colodro, lugar donde comenzó la conquista de Córdoba. Ahora es entrada a Santa Marina, barrio torero. En una esquila de la plaza de la Lagunilla se conserva una casa de paso, que comunica esta plaza con la calle del Chaparro, próxima a la calle de los Marroquíes, donde en el número 6 abres sus puertas una de las casa más bellas y curiosas de Córdoba.

Santa Marina es otra de las iglesias Fernandinas y una de las más antiguas. Es interesante su rosetón, así como la portada lateral izquierda, única por sus características en Córdoba. Frente al templo, en la plaza del Conde de Priego, se puede ver el monumento a Manolete y el convento de Santa Isabel de los Ángeles, lugar ideal para comprar unos deliciosos dulces. Hay que bajar hasta la plaza de Don Gome para visitar la casa señorial por excelencia de Córdoba, el Palacio de Viana (precios y horarios). Sus orígenes se remontan al siglo XIV. Tiene 6.500 metros cuadrados repartidos en dos plantas, están plagados de objetos: arcabuces, cerámicas, pinturas, tapices… La espectacular biblioteca con más de 7.000 volúmenes y el salón de mosaicos, donde se exhibe uno romano del siglo IV, son algunos de sus mayores tesoros junto con sus 12 patios, cada uno con una arquitectura y una decoración floral distinta.

Palacio de Viana - Córdoba

Bajando por la calle de Juan Rufo llagamos a la plaza de la Fuenseca. Allí nos encontramos con una fuente del mismo nombre. Tiene cuatro caños y está decorada con un escudo de la ciudad y un San Rafael alumbrado por dos faroles. Cerca, en la plaza del mismo nombre, se encuentra otra de las Fernandinas, la iglesia de San Agustín. Data del primer tercio del siglo XVII, y es considerada una joya del barroco cordobés.

Serpenteando por Pozanco y Custodio, y rodeando San Rafael, templo neoplásico, llegamos a la iglesia de San Lorenzo, la más bella de las Fernandinas. Con su insólito atrio portificado y su gran rosetón finamente labrado.

La calle de Santa María de Gracia, une la iglesia de San Lorenzo con la de San Andrés. Este templo de fachada barroca es otro de los templos de tiempos de Fernando III. A menos de cien metros, en la plaza de Orive, se yergue el palacio de los Villalones, de lo mejorcito del renacimiento de Córdoba. Hoy es sede de la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Córdoba y acoge exposiciones de artistas contemporáneos.

La iglesia de la Magdalena, Fernandina también, fue una de las primeras en edificarse. Se cerró al culto 1956 y en 1990 un incendio destruyó su interior. Destaca su bello rosetón.

El paseo concluye acercándose por la calle Ancha de la Magdalena y Alfonso XIII a la iglesia de San Pedro y, desde aquí, por Agustín Moreno, a la de Santiago, ambas con trazas góticas.

En los alrededores de Córdoba

Medina Azahara

A siete kilómetros al oeste de Córdoba se encuentra la «ciudad brillantísima», eso significa Medina Azahara. Fue mandada construir en 940 por Abderramán III para demostrar al mundo que era el príncipe más culto, justo y poderoso de la historia.

Jaulas llenas de pájaros exóticos, estanques llenos del peces traídos del Índico, fuentes de mercurio , capiteles con piedras preciosas incrustadas… ¡Hasta se celebraban banquetes sentados en mesas de ébano, brindando en copas de oro labradas en Constantinopla!.

Medina Azahara - Córdoba

Un ejercito de arrieros con 1.400 caballos y 400 camellos transportaba los 6.000 sillares que se necesitaban diariamente para levantar esta urbe prodigiosa; una urbe con 15.000 puertas y 4.313 columnas de mármol. Pero este paraíso terrenal donde vivieron hasta 40.000 personas duró poco tiempo, en 1.013 fue arrasada por los bereberes durante la guerra que acabó con el califato de Córdoba.

La entrada a Medina Azahara y al museo es gratuita. Es obligatorio dejar el coche en el parking habilitado, donde se puede coger al autobús lanzadera (2,5€) o caminar 15 minutos para llegar a la ciudad árabe. Consulta aquí los horarios.

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