Una de las principales razones por las que viajamos a Laponia finlandesa fue para pedir explicaciones a Papá Noel por el plantón del año anterior. Cogimos un vuelo con destino a Finlandia, donde se encuentra su casa, a 8 kilómetros al norte de Rovaniemi, en el Santa Claus Village, justo en la línea del Círculo Polar. Allí le puedes encontrar todo el año, excepto en Nochebuena. Eran principios de diciembre, probablemente estaría muy ocupado con los preparativos de su largo viaje, pero tendría que hacernos un hueco sí o sí.

Además de pedir cuentas a Joulupukki, como se le conoce en Finlandia a Papá Noel, también viajamos hasta esta parte del mundo para disfrutar de un fenómeno natural increíble, el Kaamos o noche polar. Desde noviembre hasta enero, la actividad solar se reduce, el sol se queda por debajo del horizonte, una luz azul oscuro se refleja en la nieve y da la sensación de estar de madrugada continuamente. Además es la época en la que las auroras boreales danzan en el cielo. En verano ocurre justamente lo contrario. El sol es visible las 24 horas del día, y se le conoce como el sol de medianoche o día polar.

Aterrizamos en el aeropuerto Vantaa de Helsinki muy tarde, pasamos la noche tiradas en unos asientos, no merecía la pena buscar alojamiento, ya que nuestro vuelo a Rovaniemi salía a las 07:20 a.m.

Día 1

Después de 1 hora y 20 minutos de vuelo aterrizamos en el pequeño aeropuerto de la capital de Laponia, Rovaniemi. Estaba decorado con peluches de la fauna finlandesa. No supimos si está decorado así todo el año o sólo en Navidad.

Calles heladas, noches eternas y un frío penetrante caracterizan el invierno en el Círculo Polar Ártico finlandés. Rovaniemi, alcanza los -30ºC. Sin embargo, esto no impide que la vida de sus habitantes fluya casi con normalidad. Museos, galerías, bares, discotecas, restaurantes… son sus alternativas para cobijarse del frío en los largos y gélidos inviernos. Sentir esto en nuestras propias carnes es lo que le daba una atracción especial a este viaje de cuatro días por Laponia filandesa.

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Apenas eran las 9 de la mañana cuando salíamos del aeropuerto. Allí nos estaban esperando nuestros anfitriones, Osvaldo (chileno) y Laura (finlandesa). Sería la primera vez que nos alojásemos por Couchsurfing. Resultó ser todo tan genial que desde ese momento quedamos enganchadas a Couchsurfing, y a esta vez la seguirían muchas más.

Lo primero que hicieron por nosotras fue irnos a buscar al aeropuerto. Si no tienes esta suerte, existe un servicio de lanzadera al aeropuerto. Las tarifas son a partir de 7 €/per y la ruta es: Estación Central de Autobuses – Hotel Scandic – City Hotel – Hotel Cumulus – Hotel Santa Claus – Hotel Vaakuna – Hotel Pohjanhovi – aeropuerto. Las paradas en direcciones privadas son posibles previa solicitud.

Osvaldo y Laura nos llevaron a su casa para dejar las mochilas y nos preguntaron si nos apetecía ir al pueblo de Santa. ¡Nos apetecía un montón!. Les preguntamos qué autobús teníamos que coger para llegar a la villa, nos dijeron que desde la estación de trenes de Rovaniemi sale cada hora y todos los días del año, el autobús número 8, el mismo que lleva al aeropuerto y al Santapark, pero que nos les importaba llevarnos.

Estaba todo nevado y se apreciaba perfectamente el Kaamos a pesar de ser solamente las 10 de la mañana. 20 minutos después llegábamos a Santa Claus Village (entrada gratuita). Cuando nos bajamos del coche nos dimos cuenta que se nos había olvidado cambiarnos de ropa por culpa del entusiasmo. Ya no había remedio así que nos transformamos en niñas y comenzamos a disfrutar de aquel mágico lugar.

Cuando nos empezaron a doler las piernas del frío, pues estábamos en pantalones vaqueros, entramos en la oficina de correos de Santa. Había miles de cartas llegadas de todos los rincones del mundo. Los elfos de Laponia eran quienes se encargaban de clasificarlas por países. En estas fechas estaban a tope de trabajo.

Por si alguien quiere escribir a Santa aquí os dejamos su dirección: Santa Claus 96930 Napapiiri, Finlandia.

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Salimos de la oficina de correos y entramos a una tienda de souvenirs situada en la imaginaria línea del Círculo Polar Ártico (66º 32’ 35’’). Allí mismo vimos que ponían el sello del Círculo Polar Ártico en el pasaporte, pero no lo llevábamos encima, así que tendríamos que volver.

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Habíamos recuperado un poco de temperatura y salimos a jugar a la nieve, la verdad es que cuando visitas estos sitios hay que dejar la vergüenza en casa. ¡Hay que gozar al máximoooo! y para disfrutar con tranquilidad hay contratar un buen seguro, nosotras siempre contratamos con Iati que cubre todas nuestras locuras. Si quieres disfrutar de un 5% de descuento en tu seguro puedes contratarlo desde aquí.

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Había llegado la hora de ir a aclarar las cuentas con Santa, los -15ºC que hacía en la calle no iban a pararnos. Nos dirigimos a su casa, sus elfos nos invitaron a pasar, allí estaba, sentado en un gran sillón al lado de una enorme chimenea. Estuvimos un buen rato hablando con él. Perdonamos su despiste del año anterior y le hicimos prometer que nunca más le pasaría.

Inmortalizar aquel momento costaba 20€ ó 30€, dependiendo del tamaño de la foto, ya que está prohibido hacer fotos con tu cámara.

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Fuimos a celebrar nuestro exitoso encuentro con Santa a un bar muy especial que había allí mismo, en el Santa Claus Village. El bar-restaurante estaba dentro de un iglú enorme. ¡Menuda pasada!. Era 7 de diciembre y aún no estaba finalizada del todo la decoración. La barra, las estanterías, las mesas y hasta los vasos eran de hielo. El iglú tenía varias salas, una de ellas estaba decorada con un impresionante oso y un águila tallados en hielo.

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Pedimos un glögi, un vino caliente con especias que se toma durante la Navidad en el norte de Europa, al que mandamos añadir un chorrito de licor (4€).

La entrada al iglú en diciembre de 2013 era gratuita, en 2017 cuesta 15€/per.

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Se había hecho la hora de comer y nos fuimos al centro de Rovaniemi a buscar un sitio asequible donde poder invitar a nuestros anfitriones. Comimos en Golden Rax Pizza buffet por 10€/per.

Después de haber saciado nuestro hambre, que no era poco, nos fuimos al mejor museo que hay a este lado del mundo, Arktikum (12€). En él se explica la vida en el ártico, cómo en Laponia los pueblos han sido capaces de sobrevivir históricamente en medio de la oscuridad y el frío. Hay varias salas dedicadas a explorar el pasado de los samis y una sala donde se simulan auroras boreales.

Fuimos a casa entre otras cosas para entrar en calor. Miramos en la web Aurora Forecast las previsiones de auroras boreales para esa noche y… no eran malas, así que saldríamos más tarde en su busca con Osvaldo y Laura. Sobre las 23:00h nos pusimos en marcha. La temperatura exterior era de -25ºC, así que nos pusimos ropa hasta no podernos mover, y andando como luchadores de sumo llegamos al coche.

Salimos de la ciudad para alejarnos de la contaminación lumínica. Llegamos a un bosque no demasiado alejado de Rovaniemi y paramos el coche, salimos entusiasmados a esperar las luces del norte, pero hacía demasiado frío para estar allí parados. Nos metimos un rato al coche pero era súper incómodo con tanta ropa, los cristales se empavonaban y no podíamos ver nada. Salimos otra vez fuera pero era de locos permanecer allí más de cinco minutos, así que nos fuimos a casa a descansar.

Día 2

Lo primero que hicimos al levantarnos fue mirar el termómetro que tenían nuestros couchsurfing en la terraza, marcaba -22ºC. En Finlandia, y en la mayoría de los países escandinavos, hay unos postes en las plazas de aparcamiento de los que sale un cable. Estos cables les dejan por la noche conectados al motor o al radiador del coche, que facilita el arranque del motor a bajas temperaturas, haciendo fluir un líquido anticongelante. Osvaldo lo conectaba 15 minutos antes de salir con un mando a distancia desde la ventana.

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Nuestros estupendos anfitriones estaban preparándonos un desayuno típico finlandés, una papilla bien consistente a base de leche, mantequilla y sémola. Nos vendría bien un buen aporte de calorías para nuestra actividad de hoy.

Teníamos claro que queríamos hacer trineo con huskies, pero no teníamos nada contratado. Les preguntamos a Osvaldo y Laura cuando llegamos a Rovaniemi que cuál era el mejor sitio para hacer esta actividad y Laura nos dijo que su tía tenía una granja de huskies, Northern Gate Safaris. Habló con ella y nos dijo que fuéramos cuando quisiéramos. Nuestros amigos vinieron con nosotras, pues Osvaldo nunca había hecho esta actividad, así que de nuevo no nos tuvimos que preocupar por el transporte. No sólo tuvimos que agradecerles de nuevo que nos llevasen en su coche sino que también nos hicieran una importante rebaja en el trineo con huskies por ir con ellos. La actividad de dos horas de duración costaba 150€/per, pero nos la dejaron por 50€/per.

Prepararon los trineos, uno para cada dos personas. Una dirigía a los perros desde la parte de atrás y la otra iba sentada. Los perros estaban ansiosos por correr. La temperatura era de -25ºC y, según nos dijeron, era ideal para los perros ya que si es mayor de -15ºC no pueden correr debido a su denso y grueso pelaje que los proporciona mucho calor.

Entre ladridos de emoción nos pusimos en marcha. Enseguida nos adentramos en un bosque donde los árboles estaban totalmente cubiertos de nieve. Eran imágenes de postal. No sabíamos dónde mirar, queríamos fotografiar todo, pero entre el movimiento del trineo, la falta de luz y que el frío hacía que la cámara fuera más lenta, no pudimos inmortalizar aquella imagen tanto como nos hubiera gustado. A la hora de trayecto cambiamos de posiciones. Hacía muchísimo frío, no sentíamos las manos ni los pies y nuestras pestañas estaban heladas, pero esto no impidió que siguiésemos disfrutando de esta increíble experiencia y del hermoso paisaje.

Al finalizar nos llevaron a una cabaña donde había una gran fogata a la cual conseguimos llegar a duras penas ya que no sentíamos los pies. Con un vino caliente y aquel estupendo fuego conseguimos entrar en calor, aunque tardamos un buen rato.

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Después de comer salimos a pasear por Lordi’s Square, la zona céntrica de Rovaniemi. Junto a esta plaza se encuentra el centro comercial Sampokeskus y un pequeño bulevar. Esta pequeña plaza era conocida como Sampo Square, pero fue renombrada como Lordi’s Square en junio de 2006 en honor a la victoria de Lordi en el Festival de la Canción de Eurovisión 2006.

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Cuando oscureció volvimos a Santa Claus Village para poner el sello del Círculo Polar Ártico a nuestro pasaporte (0,50€). El pueblo de Papá Noel era más espectacular de noche si cabía. Nos dirigimos al punto de información dentro de la alargada tienda. En esta misma tienda está pintada en el suelo la línea del Círculo Polar Ártico, por donde realmente pasa.

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Cuando salimos no pudimos aguantar las ganas y disfrutamos una vez más de aquel lugar tan lleno de magia.

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Por la noche volvimos a salir a la caza de la aurora boreal, pero esta vez sin pasar tanto frío. Fuimos al Lapland Hotel Sky Ounasvaara, un hotel apartado de la ciudad con una enorme cristalera desde donde poder observar el cielo mientras tomas un chocolate caliente. Y en caso de que las luces del norte hagan acto de presencia, en la azotea posee una enorme terraza desde donde poder fotografiar el fenómeno natural. Cuando llegamos al acogedor hotel nos dijeron que hacía una hora que habían visto la aurora boreal. Nos dio rabia pero teníamos la esperanza de que apareciese de nuevo. No hubo suerte, así que resignados nos fuimos a casa. Esperábamos tener más suerte en nuestro viaje de 12 días por Islandia en autocaravana.

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