Amanece un nuevo día en este maravilloso país, estamos preparadas para seguir explorándolo en autocaravana y seguir dejándonos sorprender, hoy teníamos unos cuantos kilómetros por delante, nos esperaban los fiordos del este.

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Detalle de un jardín particular

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Apenas a 4 km de Djúpivogur desde la Ring Road, divisamos esta casa, preciosa a la vez que elegante, construída en 1880, no pudimos evitar parar. La finca se llamaba Teigarhorn. Es uno de los mejores puntos de observación en todo el mundo de zeolitas, que se desarrollan en los acantilados cercanos a la costa.
Es el lugar donde se ha registrado la más alta temperatura de la historia de Islandia, el 22 de junio de 1939 el termómetro marcó 30,5°C.

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Amo la Ring Road

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Salimos de la Ring Road para coger la 96 y continuar la ruta por los fiordos del este ya que teníamos prohibido atravesar el paso de Öxi (carretera 939) con la autocaravana, lo que nos supuso 80km cuando por el paso de Öxi habrían sido 20km.

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Stodvarfjordur nos pareció un buen sitio para parar. Es un pueblo del este de Islandia a la orilla norte del fiordo del mismo nombre, tiene 200 habitantes que se dedican a la pesca y al textil.

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Aprovechamos para hacer una buena limpieza por dentro y por fuera a la autocaravana.

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La antigua iglesia de Stodvarfjordur, Kirkjubaer, ahora convertida en una guesthouse

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Continuamos por la 96 hasta enlazar con la 92 donde nos desviamos unos kilómetros antes de llegar a Egilsstadir. Pensamos en ir o no ir a Seydisfjordur ya que los kilómetros que haríamos por la 94 y 93 habría que deshacerlos hasta volver a Egilsstadir. Leímos que merecía la pena y después de someterlo a votación decidimos que ya que habíamos llegado hasta aquí no nos lo podíamos perder, así que tomamos la 94 durante unos 4 km. para seguir por la 93 hasta Seydisfjördur.

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A poco de tomar el desvío la cosa se puso fea, la niebla comenzó a echarse hasta dejarnos con apenas dos metros de visibilidad. Bajamos el ritmo, no había opción de volver atrás, así que con paciencia y buen humor pero no sin tensión pusimos musiquita y despacito conseguimos atravesar la niebla que nos acompañó hasta poquito antes de llegar a Seydisfjordur.

Islandia Gufufoss 01

Poco antes de llegar a Seyoisfjörour nos topamos con Gufufoss, otra cascada en los mismísimos fiordos

Islandia Seydisfjordur 01

Llegamos a Seyðisfjörður, un pueblo tranquilo de unos 670 habitantes, rodeado de montañas. Este lugar es conocido por sus antiguas y coloridas casas de madera, algunas de ellas construídas en 1848 por pescadores noruegos. Tras el cierre de la pesquería local, el pueblo ha centrado su economía en el turismo, aunque sigue siendo un importante puerto pesquero.
Seyðisfjörður fue utilizada como base militar por las fuerzas británicas y estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial.

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Islandia Seydisfjordur 02

En la primera etapa contamos que una de las primeras cosas que hicimos al llegar a Islandia fue ir al supermercado Bonus. Nos llevamos víveres desde España pero nos faltaban algunas cosillas como leche, fruta, pan, papel higiénico y agua. Si, si, agua, ya sé que alguno dirá: pero si el agua más pura del mundo está en Islandia!, si, pero necesitábamos botellas para transportarla.
Al comprar el agua estuvimos atentas de preguntar de que fuera agua sin gas. Una amable islandesa nos aseguró que el agua Bonus de la etiqueta azul era sin gas, pero no nos dimos cuenta de haberla probado allí mismo para comprobar que lo que nos decía con tanta firmeza fuera cierto y… ¡tachán! en el momento de abrir la primera botella se oye… pssss!, mierda, era agua con gas!!!! A ver quién cocinaba la sopa con aquello!. Así que vaciamos dos botellas y fuimos en busca de agua a los lavabos de una gasolinera para poder sobrevivir y el resto de botellas las guardamos hasta encontrar un Bonus para poder descambiarlas. Dato relevante para lo que voy a contar a continuación.
Desde el primer Bonus no habíamos visto ninguno más, bueno, tampoco lo habíamos buscado hasta que al pasar por un pueblo a lo lejos vimos el cerdito con cara de póker, al unísono dijimos… ahiiiii!. Cogimos todas las botellas de agua con gas, bueno, y unas botellas de leche que se nos habían cortado por guardarlas en el maletero donde hacía mucho calor, culpa nuestra), íbamos a intentar devolverlas. Contamos la historia a la cajera y se quedó con la misma cara del póker que la del cerdito, no sabemos si era porque no nos había entendido o porque no tenía ganas de discutir, así que sin más nos dijo que cogiésemos lo que quisiéramos por el importe de la devolución del agua y de la leche.
Esa noche nos daríamos un homenaje en la cena, lo que no sabíamos aún era que íbamos a tener un invitado.

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Cuando salimos del supermercado era la hora de comer así que nos pusimos a cocinar. Llevábamos un rato observando a un chico con una gran mochila en la espalda merodeando por allí, estaba haciendo dedo. No recuerdo lo que tardamos en cocinar y comer pero el chico aún esperaba cuando nos pusimos en marcha. Nos pusimos en su lugar decidimos cogerle.
Durante el camino, que fueron unos 150 km, no dejó de hablar, Paul era polaco, viajaba solo y dormía en tienda de campaña. La verdad es que el camino nos lo hizo ameno.
Intentamos llegar al camping de Grimsstadir para que él pudiera acampar, pero había que hacerlo por una pista. Lo intentamos, pero a los 3km decidimos no seguir.
Y aquí viene el problema: había que dar la vuelta, la pista mediría unos cinco metros de ancho y nuestra autocaravana siete (de rueda a rueda tenía unos 5 metros). La noche no podía ser más oscura, pero no dudamos en hacerlo. Arantxa al volante, Virginia con linterna en la parte delantera, Ana en la parte trasera, Estela barriendo la autocaravana (de chiste) y Paul alucinando grabando la situación. Comenzamos las maniobras, las muchas maniobras que había que hacer, pues teníamos un centímetro de margen, entre indicación e indicación salimos de aquel embrollo que al final se convirtió en algo divertido.
Una vez recuperada la Ring Road paramos a dormir en el cruce con la 864, un saliente bastante grande que hacía de parada de autobús, o por lo menos así estaba señalizado. En teoría estaba prohibido pernoctar allí pero no dudamos ni un segundo, pegaditos a un cartel dejamos la «discreta» autocaravana.
Invitamos a cenar a Paul, fue una velada divertidísima, le ofrecimos dormir en el suelo de la autocaravana pero prefirió dormir fuera.
Y así termina un día más en Islandia, al día siguiente veremos la cataratas más famosas de la isla, Selfoss y Dettifoss.

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