Después de un buen madrugón y un mejor desayuno en el Zebra River Lodge ponemos rumbo a Sesriem. Tenemos 72 km por delante e ignoramos cómo va a ser la carretera por la que tenemos que conducir hasta nuestro destino de hoy, bueno, a decir verdad sabemos que no está asfaltada, lo que no sabemos es si va a ser mala o malísima. Después de deshacer los 20km que nos desviamos ayer para llegar a nuestro alojamiento, cogemos la D854 durante 32km hasta llegar a la C19 que nos llevará a nuestro destino de hoy.

A una velocidad media de 40 km/h y después de 3 horas por fin llegamos a Sesriem, así nos lo indica un pequeño control de policía donde toman nota de la matrícula de los coches que entran a Sesriem.

Son las 12 de la mañana, tenemos todo lo que queda de día para visitar el desierto, así que sin entretenernos mucho vamos a por el permiso para poder entrar al parque (80 NAD/persona y 10NAD/coche), que se consigue en la recepción del camping NWR Sesriem Camp (200 NAD/per/noche), donde también nos alojamos. Quizás sea algo más barato alojarse fuera del parque, pero el permiso dura sólo ese día, sin embargo en el NWR Sesriem Camp dura 24 horas.

Sin perder tiempo nos introducimos de lleno en el Parque Nacional de Namib-Naukluft (con una superficie 49.800 km2 es el cuarto parque más grande en el mundo), que es donde se encuentra parte del desierto de Namib.

Tenemos ganas de disfrutar de los impresionantes paisajes que ofrece el desierto más antiguo del mundo (se tiene constancia de que ya existía hace 65 millones de años) y de pisar sus dunas gigantescas, entre las que se encuentran también las más grandes del mundo.

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Desde Sesriem sale una carretera asfaltada que se adentra en el parque. El paisaje a ambos lados de la carretera es indescriptible. En algunas zonas se aprecian con claridad espejismos, árboles reflejados en la arena como si del reflejo del agua se tratase.

Llegamos a los pies de la duna 45 (nombre que recibe debido a la distancia que hay desde Sesriem) y decididas nos disponemos a subir hasta su cima. La arena abrasa y nos falta el aliento, es la hora que aprieta más el sol, pero no nos importa, estamos solas y hay que aprovecharlo. Ahora es ella la que está a nuestros pies, sin duda es un momento especial, único, mágico… que no queremos que acabe nunca.

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Continuamos hasta Dead Vlei y para eso debemos conducir durante 20km más hasta donde acaba la carretera y, una vez ahí, coger un «shuttle bus» por el que nos piden 150NAD/per por apenas 4km. Nos suena a mucho y esperamos la llegada de algún todo terreno dispuesto a llevarnos. En pocos minutos llega un Renault Duster conducido por una pareja de turcos que nos invitan a subir. Los conductores del «shuttle bus» nos siguen y nos advierten que es un coche bajo para conducir por el desierto y pensamos que lo dicen para sacarnos la pasta, pero no, apenas avanzamos un kilómetro el Duster se queda hundido en la arena y nosotros con él. Con las orejas gachas tenemos que pedirles que nos remolquen y entre más risas que lamentos acabamos pagando 100NAD/per.

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El «shuttle bus» nos deja en el parking y tenemos que andar 1.5km por el desierto hasta llegar a Dead Vlei, ese lugar donde hace mucho tiempo unas lluvias torrenciales crearon un pequeño lago donde creció la vegetación. Más tarde el clima cambió, volviéndose extremadamente seco y caluroso, lo que provocó que el lago se secase totalmente. 900 años después, todavía se conservan los esqueletos de las acacias que allí vivieron. Descubrirlo resulta sorprendente, ya que tienes que ascender ligeramente por una duna y cuando llegas arriba te encuentras la espectacular estampa. El rojo de la arena, el blanco del suelo y el azul del cielo se fusionan para hacer resaltar los esqueletos de las centenarias acacias, creando un lienzo perfecto.

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De vuelta a Sesriem nos encontramos con uno de los misterios inexplicables de la naturaleza, los círculos de las hadas: son círculos que se forman entre la vegetación en los que no crece la hierba, al contrario que en el resto del suelo. Curiosamente la tierra tiene la misma composición tanto dentro como fuera de los círculos.

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Sesriem también es famoso por su cañón. Bien merece una visita aunque sea en la época seca como es nuestro caso. Aunque gracias a esto pudimos pasear por sus entrañas durante sus 2 km y apreciar sus paredes de   30m de altura.

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El día llega a su fin, mañana nuestra ruta continúa dirección Solitare para acabar en Swakopmund, tenemos 350 km por delante, seguro que llenos de sorpresas.

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