El núcleo urbano histórico de Cuenca se constituye en el espolón rocoso que desciende del cerro de San Cristóbal y al que rodean los ríos Júcar y Huécar. Sobre esta estructura pedregosa se fue configurando a partir del siglo X un entramado de calles y plazas, pues sus habitantes se vieron obligados a vivir en un espacio reducido debido a las circunstancias bélicas de forma que ya, en la Edad Media, fueron construyendo sus casas a fuerza de imaginación y habilidad, dando así forma a la ciudad atractiva que es hoy. Esperamos que con esta pequeña explicación se entienda mejor el por qué del emplazamiento de esta ciudad.

Hemos marcado una ruta para que no te pierdas ni un solo rincón de esta pequeña gran ciudad de Castilla la Mancha, Patrimonio de la Humanidad, de gran riqueza monumental y un casco histórico que te dejará con la boca abierta.

¿Qué mejor manera que comenzar esta ruta con una vista panorámica del río Huécar y Cuenca como telón de fondo? Para ello hay que subir al mirador de las hoces del Huécar por la carretera CUV9144 hasta el Hotel Cueva del Fraile. En el cruce giramos a la izquierda y a unos 2 kilómetros encontramos este mirador.

Cuenca - mirador

Una vez tomado el primer contacto con la ciudad conquense, aunque sea a lo lejos, seguimos por la misma carretera hasta el aparcamiento del Mirador del Barrio del Castillo donde dejamos el coche. Además de ser la mejor opción para aparcar cerca del casco antiguo de Cuenca, ya que es gratuito, tiene unas vistas increíbles de toda la ciudad.

El paseo comienza atravesando el Arco de Bezudo del siglo XI, restaurado en el siglo XVI. Es una de las seis puertas que antiguamente daba acceso a la ciudad de Cuenca y una de las pocas que se conserva. Junto a él podemos encontrar algunos restos de muralla y algún torreón de la antigua fortaleza que rodeaba la antigua ciudad de Cuenca.

Actualmente se puede acceder mediante unas escaleras a la parte alta del arco y disfrutar de unas fabulosas vistas.

Cuenca - Arco Bezudo

Continuamos calle abajo hasta encontrar a mano izquierda, en la plaza del Trabuco, la Iglesia de San Pedro. Levantada sobre una antigua mezquita, es la más representativa y antigua de las iglesias de Cuenca. Llama la atención por su planta octogonal al exterior que se vuelve en circular en el interior. Destaca la portada de un barroco muy contenido y el artesonado mudéjar de una de sus capillas.

Seguimos bajando por la calle Julián Romero hasta llegar a un pasadizo situado bajo la planta de una casa, donde haremos una breve parada para observar la talla del «Cristo del Pasadizo», eso sí, entre rejas. Este pasadizo tiene una leyenda en la que Julián es protagonista, por eso recibe esta calle su nombre. La leyenda dice así:

«Julián, un apuesto mozo de familia humilde acudía a cortejar a la bella Inés bajo esta reja, una dama de una familia noble de Cuenca. Se enamorCuenca - Cristo del pasadizoan, pero los padres de Inés no aceptan a Julián por pertenecer a una familia humilde, por lo que el joven decide alistarse y marcha a las guerras de Italia para hacer fortuna. La noche antes de partir, Julián e Inés, de rodillas ante el Cristo del Pasadizo, se juran fidelidad. Pero pasan los meses y a la bella Inés la espera se la hace larga y ésta prefiere los arrumacos de Lesmes a la ausencia de Julián.

Pasados dos años, Julián vuelve a Cuenca con un gran porvenir. A la hora de costumbre, acude a la cita en la reja donde comprueba que su sitio ha sido ocupado por otro pretendiente. Espada en mano se lanza sobre Lesmes, y este se defiende llevando a Julián hacia un escalón de la calle, donde pierde el equilibrio y cae, aprovechando Lesmes para propiciarle la muerte con su espada. Inés desde la reja pide auxilio y Lesmes intenta huir subiendo a las almenas del Camino de Ronda para, desde allí, saltar al camino inferior, pero con tal mala fortuna que se desnuca.

Inés se siente culpable por la muerte de aquellos dos hombres y se recluye en el convento de las «Petras» de por vida para hacer penitencia y rogar por la salvación de aquellos cuya muerte causó.»

Tras tan dramática historia seguimos descendiendo y pocos metros más adelante tenemos unas vistas espectaculares de lo que queda de acueducto. Pues sí, Cuenca tiene acueducto, ya que era muy complicado abastecer de agua a sus ciudadanos debido a que estar entre dos hoces no ayudaba para traer agua. Es en 1509 cuando se propone traer agua desde el cercano manantial de La Cueva del Fraile hasta el barrio del Castillo, la parte más alta de la ciudad por medio de unas canalizaciones.

Cuenca 01

Continuamos por la misma calle hasta llegar a la Posada de San José. Un hotel que habita una típica casa colgada del siglo XVII que perteneció a la familia de Velázquez, de hecho, se dice que una de sus estancias le sirvió de inspiración para pintar a las Meninas.

Si se tiene a bien tomar un tentempié es recomendable hacerlo en esta posada y disfrutar de sus privilegiadas vistas sobre la hoz del río Huécar.

Cuenca 02

Continuamos hasta llegar a la Plaza Mayor, donde llama poderosamente nuestra atención el colorido de sus fachadas, y si te fijas más detenidamente podrás observar que están ligeramente inclinadas debido al inestable asentamiento. No debemos olvidar que Cuenca es una ciudad roquera.

Cuenca 03

Pero lo que realmente destaca en esta plaza es la Catedral de Santa María y San Julián, un símbolo de la fuerza eclesiástica tras la conquista cristiana de la ciudad. De hecho, está construida sobre una antigua mezquita árabe. Se dice que es el más temprano ejemplo de gótico español – comenzó a edificarse a finales del siglo XII. No obstante, hoy encontramos en ella restos de diferentes épocas, que van desde el siglo XIII al XVII.

Cuenca - Catedral

Si impresiona por fuera, espera a verla por dentro. La luz que entra por las coloridas vidrieras ofrecen un espectáculo de color al reflejarse en los enrejados que dan paso al coro y al altar mayor. Sin desmerecer el atractivo de las capillas laterales, el altar mayor y por supuesto el coro, nos gustaría destacar los techos de la Sala Capitular y de la Capilla Honda que te dejan con la boca abierta debido a sus artesonados que son realmente maravillosos. Y como cosa curiosa destacamos las vidrieras abstractas que rompen con el clasicismo del entorno.

Cuenca - Catedral 01

Cuenca - Catedral 02

Al salir de la catedral nos acercamos hasta el Ayuntamiento para contemplar su espectacular fachada. Este hermoso edificio barroco fue construido en el siglo XVIII y completa el triángulo que conforma la catedral, el Ayuntamiento y el convento de la Petras, de mediados del siglo XVIII, en la Plaza Mayor de Cuenca. Todo un meollo monumental.

Por detrás de la catedral parte una calle que lleva al famoso Puente de San Pablo. Este puente de hierro de color rojizo y de cien metros de largo situado sobre la hoz del río Huécar se construyó en 1902. Sustituyó a un antiguo puente de piedra, construido entre 1533 y 1589 que se derrumbó y que se encontraba en la misma ubicación, comunicando el Convento de San Pablo con el casco urbano. Desde aquí se consiguen las mejores fotos de las famosas Casas Colgadas de Cuenca.

Cuenca - casas colgadas

Cruzando el puente nos presentamos en el Convento de San Pablo, actualmente Parador Nacional, construido en el siglo XVI. El edificio mantiene su arquitectura original. Sus dependencias se disponen en torno a un claustro central que han cubierto con cristaleras para poder ser utilizado como cafetería. Cafetería en la cual recomendamos tomar un café para disfrutar del edificio y de las vistas que son una auténtica maravilla.

Cuenca - Parador

Para finalizar la ruta por la ciudad conquense volvemos a atravesar el puente para ponernos frente a uno de los mayores atractivos de Cuenca, sus Casas Colgadas. Toda la fachada de la hoz del Huécar tuvo casas colgadas. Las que quedan fueron restauradas en el siglo XX. Una de ellas es actualmente un mesón típico llamado casa de la Sirena, y en la llamada Casa del Rey se encuentra el Museo de Arte Abstracto Español.

El mejor lugar y el mejor momento para despedirse de Cuenca es hacerlo desde el Cerro del Socorro al atardecer. Coronando este cerro, mirando pa’ Cuenca, se encuentra el monumento del Sagrado Corazón de Jesús.

Museo Paleontológico (MUPA)

Alejado del casco histórico, en el Cerro Molina, se encuentra el Museo Paleontológico. En él se exponen gran cantidad de fósiles extraídos de los yacimientos conquenses de Las Hoyas y Lo Hueco, así como de otros yacimientos de la región.

Muestra numerosas figuras a tamaño natural de dinosaurios, otros reptiles y mamíferos encontrados en yacimientos de la comunidad autónoma pero el principal protagonista de este espacio es el «Concavenator corcovatus» (cazador de Cuenca jorobado) también conocido cariñosamente como «Pepito». Sus restos fósiles, los únicos encontrados de su especie, fueron descubiertos en 2003 en el yacimiento paleontológico de Las Hoyas​ y además de estar muy bien conservados, es el esqueleto articulado de dinosaurio más completo que se ha encontrado hasta la fecha en la Península Ibérica.

Diccionario gastronómico conquense

No podíamos acabar este post sin hablar de la gastronomía conquense. Los platos más típicos de Cuenca son los que servían de alimento a las gentes del campo en los días fríos del invierno, cocina de bajo coste y alto valor calórico. Algunos de estos platos son:

Las gachas, una pasta de harina de almortas o titos que se tuesta con aceite y se cuece con agua y pimentón. Se le puede añadir trozos de chorizo, panceta o morcilla. Se come con un trozo de pan untando directamente en la cazuela.

Las migas de pastor, pan de días anteriores tostado con aceite y ajo, que se acompaña con uvas, chorizo, pimiento, torreznos…

El morteruelo, una especie de paté a base de las carnes que había en los hogares, ya fuese carne de caza o de corral.

El ajoarriero, una suave mezcla de bacalao, patata, huevo y ajo. La base es el bacalao en salazón ya que era el único pescado que llegaba a los hogares conquenses.

Los zarajos, un aperitivo de intestinos de cordero lechal marinados que se enrollan en un sarmiento y se fríen o asan.

El pisto manchego, una mezcla de verduras que podían variar dependiendo de la temporada o las verduras disponibles en la huerta.

El queso manchego, que desde tiempos remotos la gente que se dedicaba al pastoreo elaboraba con leche de oveja de raza manchega.

El alajú, el dulce típico que se elabora con una pasta de miel cocida con almendras, nueces o piñones, pan rallado y especias, y se coloca entre dos obleas.

Estos platos los podemos maridar con los vinos de Denominación de Origen de La Mancha. Y el postre lo podemos acompañar con un resolí, un licor elaborado con café, azúcar y corteza de naranja.

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