DIA 11 – LAGO CHAMO

Hoy visitaríamos el Lago Chamo dentro del Parque Nacional Nechisar, apenas había 8 km. desde Arba Minch. Enseguida nos presentamos en la orilla donde habÍa una caseta medio derruida donde tuvimos que pagar 380 birr. por la entrada al parque, 150 birr. por el «guía» (en Etiopía se necesita guía para todo, sólo es alguien que va a tu lado sin explicarte nada) y 770 birr. por la barca, que agradecimos que tuviera una lona para protegernos del sol.

Inmediatamente nos pusimos a navegar, no tardamos mucho en ver hipopótamos aparentemente tranquilos (y que así siguiesen), cocodrilos asustadizos, muchísimas aves, todas de distintos colores y tamaños y un montón de monos jugando y correteando por la orilla a la par de nuestra barca. Fueron tres horas de paseo agradable y en solitario por el lago ya que no vimos ni un solo turista más.

Con ganas nos pusimos camino a Turmi, donde haríamos campo base durante dos noches para visitar a los Hammer y a los Danasech.

 De camino ya se empezaban a ver tribus con sus trajes típicos. Sobre todo eran mujeres que acarreaban agua desde no se sabe donde. Pero no nos conformábamos con aquello, queríamos llegar a la África profunda, allí donde los negros son más negros y su poco ropaje no es de tela.

Tenemos que reconocer que nos estábamos poniendo nerviosas, había llegado el gran día de ver por nosotras mismas esas tribus que en tantos libros y documentales habíamos visto y tanto nos habían llamado la atención.

TURMI

 Apenas faltaban un par de kilómetros para llegar a Turmi, iba muy atenta, mi nariz casi pegaba en el cristal de la ventanilla cuando me pareció ver a un hombre con un taparrabos, un escudo y una lanza. Me froté los ojos y no me atreví a decir nada a mis compañeros de viaje, pensé que nadie me creería. No podía ser cierto, el entusiasmo, la ilusión y las ganas me habrian jugado una mala pasada haciendome imaginar.

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 A los pocos metros había más, hombres, mujeres, niños; no era un sueño, era real. Mis pelos se pusieron como escarpias. Me tiré del coche sin estar totalmente parado, nuestro sueño se había hecho realidad.

 No queríamos perder tiempo buscando alojamiento, así que en el primer sitio que vimos allí nos quedamos. Tourist Hotel (100birr hab. doble). Nos perdió el calenton del momento, el sitio era cutre cutre de cojones.

 No tenía baño, había que ir al campo, la puerta no cerraba (tuvimos que poner una piedra por dentro, por si alguien empujaba que por lo menos hiciese ruido) y el calor era insoportable. ¿Sobreviviríamos dos noches aquí?

Lanzamos las mochilas a la habitación desde fuera, queríamos vivir aquello el máximo tiempo posible.

Este fue el recibimiento de una Hammer

TRIBU HAMMER 

De la misma manera que había bajado del 4×4, de un salto, me subí. Ibamos al poblado de los Hammer (entrada al parque 100 birr persona). Durante el trayecto iba como un niño en un viaje, ¿Llegamos ya?, ¿Cuánto queda? y pasando pistas de tierra, estepas, árboles y chimeneas de termitas llegamos.

Esta vez me bajé lentamente, no me lo podía creer, era lo más impresionante que había visto en mi vida. ¿Cómo podía existir en el siglo XXI gente viviendo así?.

El poblado no era demasiado grande, apena habría unas 20 chozas de las cuales empezó a salir gente que se aproximaba a nosotros. El olor que desprendían era fuerte, las pieles de cabra que vestían y la grasa de su pelo les daba ese olor característico de la tribu.

Antes de dar un paso, el «guía» nos explicó que había que pagar a cada uno que quisiéramos fotografíar entre 1 y 5 birr. Era como estar elijiendo ganado, tu sí, tu no. Para evitar esto se nos ocurrió pagar 50 birrs para poder hacer fotos sin necesidad de elegir, pero no funcionó, ellos no entienden de cuentas y no sabían repartirse el dinero, se montó una buena. Hicimos que nos devolvieran los 50 birrs y les pagamos como a ellos les gustaba de birr en birr y de uno en uno.

Aquí dejamos nuestro artículo donde contamos más sobre nuestra experiencia con los hammer y su ritual del salto del toro al que asistimos.

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