Dejamos el pequeño pueblo de Bergheim atrás y continuamos con nuestra ruta por Alsacia. Unos kilómetros antes de llegar a Ribeauvillé dedujimos que algo pasaba. Largas filas de coches aparcados en la orilla de la carretera así nos lo dio a entender. Tuvimos suerte y conseguimos aparcar justamente a la entrada de su alargada y famosa calle. (Dónde aparcar en Alsacia)

No cabía ni un alfiler debido al mercadillo medieval que se celebraba ese fin de semana coincidiendo con los mercadillos de Navidad. Pasamos a formar parte de aquel hervidero de gente, había actividades por toda la calle, esto sí que era un auténtico mercadillo medieval. El escenario era perfecto y sus actos de muy buen gusto, y si a esto le sumamos los olores y sabores, con facilidad nos transportábamos al medievo.

Esta villa rodeada de viñedos y famosa por su vino de calidad también posee un castillo, ah no! que no tiene uno ni dos, sino tres castillos. El Castillo de St. Ulrich, que fue construido en el siglo XI, situado sobre una zona estratégica del valle; el Castillo de Le Girsberg es el más pequeño, fue construido en el siglo XIII y el Castillo Haut Ribeaupierre que es el más grande de los tres, también es conocido con el nombre de Altenkastel, ofrece unas bonitas vistas sobre el paisaje de los Vosgos.

Pasamos por la Place de la Marie. En su centro se encuentra la Fontaine de la República y se alza la Torre de Bouchers (S. XIII) hasta la Place de la Sinn, de casas de la nobleza, y que fue refugio de trovadores y otros músicos en la Edad Media.

  

  

Nuestros cuerpos notaban ya el cansancio de todo el día, pero nos resistíamos a irnos, el ambiente había bajado bastante y era cuando mejor se apreciaban sus calles, su mercado y su gastronomía, ya que no había que hacer colas para poder cenar en un puesto típico medieval. Y así lo hicimos, cenamos y nos fuimos a descansar para volver al día siguiente a visitar esta encantadora villa antes de dirigirnos a Riquewihr.

Volvimos a la mañana siguiente temprano para evitar el bullicio. El lugar no parecía el mismo que el día anterior, recorrimos su calle principal tranquilamente, apenas nos cruzamos con diez viandantes, llegamos a la Torre de los Bouchers, también llamada la torre de los Carniceros, porque se localizaba en el lugar donde se establecieron los gremios que pertenecían a los carniceros. Fue construida en el siglo XIII y está rodeada con los restos de la antigua muralla. Su interior fue utilizado como cárcel. Sobre su fachada se puede ver el antiguo escudo de armas del señor Ribeaupierre.

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Continuamos por la calle principal hasta toparnos con la Maison Pfifferhüss o alberge des Ménétriers que fue construido en 1663. Destaca por su mirador trapezoidal, tiene dos estatuas de madera de la Virgen María y el ángel Gabriel, cerca de aquí encontramos una cafetería abierta, aún no habíamos desayunado y aprovechamos para hacerlo, no tardamos más de media hora. Cuando salimos del local ya comenzaba a llegar la gente, mi instinto femenino me decía que en poco tiempo aquello se convertiría en un hormiguero como el día anterior.

Y así fue, las actividades daban comienzo y, a pesar de lo que se avecinaba y el agobio vivido el día anterior, no pudimos resistirnos a volver a formar parte de aquella colonia de hormigas y decidimos quedarnos a disfrutar de aquel ambiente único y especial de Alsacia.

La ciudad de Ribeauvillé está unida a la música y es considerada como “la ciudad de los violinistas”, aquí se refugiaron trovadores y músicos, aún a día de hoy todo gira entorno a la música.

Plano de Ribeauvillé

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