Viajar a la Bretaña francesa es transportarse a la Edad Media, cuyas construcciones de piedra y entramados de madera son impasibles al paso del tiempo. Las imponentes fortalezas y los castillos que salpican toda la región, nos recuerdan que hubo un tiempo en el que la Bretaña tuvo que defenderse de numerosas guerras.

Donde realmente se profundiza en su cultura, y se disfruta de su arte y encanto es en sus pequeños pueblos. Todos ellos tienen en común el haber conservado la arquitectura típica de la época y sus tradiciones y estar rodeados de grandes fortificaciones. Los faros son otro de los atractivos de Bretaña. Un tercio de los faros de Francia se encuentran en la costa bretona. Estas torres de granito han estado advirtiendo sin descanso a los marineros de las peligrosas rocas escarpadas durante siglos.

Pueblos de cuento con puertos pesqueros de ensueño, rincones mágicos, meigas, gaitas y la gastronomía… ¿Qué decir de tales manjares? Lo sé, todas estas cosas os recuerdan a Galicia, y es que es impresionante la cantidad de cosas que tienen estas dos tierras en común.

El hecho de habernos movido por nuestra cuenta en coche (hasta un 15% de descuento en el alquiler de tu coche desde este enlace) nos facilitó conocer pueblos espectaculares que no aparecen recomendados en las guías. Son pueblos pequeños que se recorren fácilmente y en poco tiempo. Para ayudaros a tomar la decisión de en qué pueblo parar, deciros, que en la entrada a los pueblos, junto a la señal con el nombre del lugar, hay otra señal con flores dibujadas. La cantidad de flores son otorgadas dependiendo del interés cultural, de lo cuidado que esté y de la decoración floral, esto hace que los vecinos cuiden con mucho mimo sus pueblos y ciudades.

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12 lugares que no debes dejar de visitar si viajas a la Bretaña francesa

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Dinan

Una de las visitas obligadas en un viaje por Bretaña es Dinan. Su excelente arquitectura medieval, plagada de casas con entramado de madera y acabadas en puntiagudos tejados de pizarra, sus casi tres kilómetros de murallas, sus iglesias, torres y su castillo del siglo XIV sobre una colina en el valle del río Rance, hace que este pueblo hipnotice al visitante.

La escarpada calle de Jerzual parece conducir a plena Edad Media. Entre los siglos XIV y XVIII esta calle estaba repleta de tejedores, curtidores… En la actualidad es una visita imprescindible que permite viajar en el tiempo ante los talleres-tienda de artesanos vidrieros y doradores de madera. En el siglo XV la reina Ana de Bretaña, hizo famosa esta ciudad al decidir retirarse a ella tras la muerte de su esposo, el rey Carlos VIII.

Algunos de los monumentos que se pueden visitar son el Castillo de Dinan, la Iglesia de Saint-Malo del siglo XII, la Basílica de San Salvador del siglo XII y la Torre del Reloj del siglo XV con sus espectaculares 45 metros de altura. Además también se puede dar un bonito paseo por el puerto, a orillas del río Rance.

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Saint-Malo

Saint Malo se encuentra en la desembocadura del río Rance. El casco histórico de la ciudad está situado en la zona del puerto, rodeado de una gran muralla. Nada más atravesar las puertas de la ciudad amurallada es como si nos hubiésemos trasladado en el tiempo a la época de corsarios y piratas.

A lo largo de los siglos, sufrió algunos incendios, pero durante la II Guerra Mundial sufrió casi la destrucción total. Afortunadamente, con buen gusto y buen saber, los franceses lo han reconstruido de una forma casi idéntica a lo que había anteriormente.

Dentro de las murallas nos encontramos con un entramado de callejuelas y plazas con mucho ambiente. El Castillo de Saint Malo también se encuentra aquí, que en la actualidad alberga el museo de historia de la ciudad y la sede del ayuntamiento. Otro monumento intramuros es la Catedral Saint-Vincent, de estilo gótico y románico, data del siglo XII pero fue rehabilitada.

Lo mejor para hacer en la ciudad es pasear por encima de su muralla, lo que nos permitirá disfrutar del mar y del enclave de la ciudad. Desde la misma podemos ver los pequeños islotes que rodean la ciudad, algunos de los cuales albergan pequeños fuertes defensivos que servían para proteger a la ciudad.

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Faro cap Fréhel

A 8,5 km del centro de Fréhel se encuentra el imponente faro del mismo nombre, que observa el mar desde una altura de 103 metros. Desde él los días despejados, se pueden ver las Islas del Canal. En el aparcamiento, hacia la derecha, sale un camino estrecho rodeado de una vegetación exuberante que conduce a los acantilados de más de 70 metros de altura. Esta zona es reserva ornitológica, por lo tanto merece la pena visitarla sin prisas para poder observar las aves. Si se visita en época de cría es todo un espectáculo.

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Plouézec

No os vamos a hablar de Plouézec como villa, sino de sus inmediaciones. Si te gustan las flores, no debes dejar de visitar este lugar en tu viaje a Bretaña. Interminables campos de hortensias cerca de la costa hacen que este lugar sea único. Nosotras lo visitamos a finales de junio y los campos estaban en su máximo esplendor.

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Abadía de Beauport

Esta abadía fundada hace ya más de ocho siglos, está catalogada como Grand Site de France.  Las ruinas góticas de la abadía y su situación junto al mar la convierten en un lugar especialmente místico. Las gigantescas plantas de horquideas y la exuberante vegetación de un verde imposible que crece en su interior rompen el monótono color grisáceo de la piedra del esqueleto de lo que debió ser un próspero centro religioso. La abadía de Beauport fue uno de los puntos de salida de los peregrinos bretones hacia Santiago de Compostela. Precios y horarios aquí.

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Costa de granito rosa

Entre las playas de Trestraou y de Saint-Guirec, los imponentes acantilados de  Ploumanac’h son mundialmente conocidos por sus peñascos de granito rosa que crean un paraje de excepcional belleza. Imponentes piedras de formas surrealistas esculpidas por el mar y el viento atraen la atención del visitante. El sombrero de Napoleón, la guarida de los amantes, la seta… las formas más grandes alcanzan más de 20 metros de altura.. Se estima que se formaron hace 300 millones de años. Hay tres costas de granito rosa en el mundo: una en Bretaña, otra en Córcega y la última en China.

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Locronan

Locronan pertenece a las “Petites Cités de Caractère” (Pequeñas ciudades con carácter) y cuenta con el distintivo de “Les plus beaux villages de France” (uno de los Pueblos más Bellos de Francia). En este pequeño pueblo de granito azulado parece que se ha detenido el tiempo. Ventanas y puertas de colores decoradas con cientos de flores, calles adoquinadas, una preciosa iglesia desde la cual las gárgolas vigilan sin descanso el trasiego gentil, pequeñas tiendas de pasteles, artesanías y productos de la zona y ¿qué decir de su plaza donde un pozo da personalidad al tranquilo pueblo?

Esta plaza ha hecho famosa a Locronan, ya que ha salido en muchísimas películas y anuncios de televisión. Levantó su centro histórico de mansiones y en él destaca la torre cuadrada de su iglesia, gruesa y solitaria. Dicen que fue un pueblo relativamente rico gracias a la confección de velas, entre los siglos XV y XVIII, para toda Bretaña, parte de Francia y otras naciones como España. Sólo las gárgolas son testigos de la historia de esta ciudad. Su belleza y tranquilidad nos cautivó.

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Concarneau

En Concarneau hay que pasear por el interior de su muralla para poder intuir su pasado. Una única calle alargada repleta de restaurantes y tiendas de souvenirs te guía hasta topar con la impresionante muralla que rodea la isla, por la que se puede pasear por su parte superior para admirar la ciudad y el mar.

Concarneau surgió en la Edad Media sobre una pequeña isla accesible a marea baja que dominaba una pequeña bahía, lo que ofrecía una protección natural tanto para los habitantes como para las embarcaciones. Su situación privilegiada favoreció su desarrollo, adquiriendo en el siglo XIII o a principios del siglo XIV su aspecto actual rodeado completamente de murallas.

Con la Revolución industrial la ciudad se transformó y comenzó a expandirse fuera de las murallas con la construcción de casas para la burguesía. A mediados del siglo XIX aparecieron las primeras conserverías especializadas en la sardina y en el atún, colocando actualmente al puerto de Concarneau como el primer puerto atunero de Europa y el sexto para la pesca de bajura. Actualmente cuenta con 30 conserverías.

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Alineamientos de Carnac

Como si de setas se tratasen, casi 3.000 menhires se alzan sobre la superficie formando varias hileras de 1 km. Este conjunto megalítico situado junto al golfo de Morbihan, es el monumento prehistórico más extenso y extraordinario del mundo. Fue erigido durante el Neolítico, así que cuando nació Obelix estos gigantes ya estaban aquí, ya que fueron erigidos entre 5.000 y 3.000 años antes de nuestra era, por lo tanto son muy muy anteriores a los galos. Esta concentración de piedras se divide en varias alineaciones, las mas importantes son: Menec, Kerlescan y Kermario. Junto a ellas, se hallan el túmulo de Saint-Michel y el gigante de Manio (un mehir de 6,5 m de altura).

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Vannes

En el Golfo de Morbihan se encuentra la ciudad medieval de Vannes, ciudad que vivió largos periodos de prosperidad gracias al comercio portuario, al poder religioso y al poder político. Todo ello queda plasmado en la hermosa muralla medieval que la rodea del siglo XIII, los barrios alegres de casas de colores con entramados de madera, la catedral de Saint-Pierre, edificada entre los siglos XIII y XVIII y los preciosos lavaderos de pizarra del siglo XIX que bordean las murallas. En el pasado fue residencia de los duques de Bretaña.

En una de las zonas, el foso de la muralla es una maravillosa zona ajardinada llena de flores, llamada “Jardines de Remparts”.

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Rochefort-en-Terre

Este pueblo medieval se desarrolló en torno a un castillo sobre un promontorio rocoso y desde entonces poco de su aspecto ha cambiado. Este castillo fue reconstruido en el XVII. Aunque en el siglo XX, el pintor norteamericano Alfred Klots lo reformó, lo transformó en palacete y no tardó en convertir el pueblo en lugar de encuentro de artistas.

Caminar por sus calles tranquilas, entre casas de fachadas de piedra con tejados de pizarra del siglo XVI y XVII, sus callejuelas adoquinadas, sus murallas, bonitas tiendas con rótulos tradicionales y el buen gusto de sus habitantes por decorar con flores multicolores cada rincón de este pueblo ha hecho que Rochefort-en-Terre fuera declarado en 2016 como el pueblo más bonito de Francia.

En medio de la “Place du Puits” está el pozo público adornado con flores. Desde este punto coges la “Rue Saint Michel” hasta llegar a la “Place des Halles” (Plaza del Mercado). En esta coqueta plaza está el Ayuntamiento, uno de los rincones más pintorescos, junto con la Plaza del Pozo. Desde aquí parten varias callejuelas llenas de hortensias. Si continúas por la calle principal llegas al castillo. Este paseo te transportará a otro tiempo.

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Josselin

Las imponentes torres del castillo reflejadas en las aguas del tranquilo río Oust es lo primero que te encuentras al llegar a Josselin. La historia de la ciudad está muy vinculada a su castillo de estilo gótico flamígero, que domina la ciudadela. Fue fundado a principios del siglo XII y en la actualidad sigue estando habitado por los descendientes de sus fundadores: la familia Rohan.

Josselin es un lugar de cuento, un lugar idílico donde se respira paz y armonía, con su castillo, sus calles adoquinadas, alegres casas de colores de madera entramada y tejados de pizarra, un río y flores por doquier.

Josselin es el decorado perfecto de un cuento: un lugar donde predomina la paz y la armonía, un castillo, un río, calles adoquinadas, alegres casas de colores con madera entramada y tejados de pizarra y flores por doquier. decoración medieval por sus calles.

Josselin es el decorado que siempre imagino en los cuentos: un castillo, un río, calles adoquinadas, alegres casas de colores con madera entramada y tejados de pizarra, decoración medieval por sus calles y flores de mil colores por doquier, donde la paz y la armonía se instala en cada rincón.

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