Ya habíamos visto Shadus antes en India. Esto había despertado nuestra curiosidad por saber más sobre ellos y aprovechamos la oportunidad que nos ofrecía Nepal, Kathmandú, Pashupatinath…, donde seguro íbamos a encontrar un montón de Sadhus, bueno, si no era un montón, unos cuantos.
Nos levantamos temprano, después de un buen desayuno paramos un taxi en Thamel al que pedimos que nos llevase a uno de los templos más importantes hindúes de Shiva en el mundo, Pashupatinath.

No sé por qué, pero me resultaba curioso ver un Sadhu con gafas, siempre me he preguntado si llevaría la graduación correcta.
Allí estaban, estos personajes que andábamos buscando, también llamados santones, fáciles de reconocer por sus atuendos.

 

En la cuarta fase de la vida en la religión hindú, después de estudiar, de ser padre y de ser peregrino uno se convierte en Sadhu que es un asceta hindú o un monje que renuncia a todos los vínculos que los unen con lo terrenal y material en la búsqueda de los verdaderos valores de la vida.
Bueno, eso de la renuncia a lo terrenal y material nos lo tendrían que definir, ya que nosotras teníamos entendido que vivían de la limosna, pero bien les gustan las rupias. Antes de entrar a juzgar a todos los Santones nos enteramos que no todos son verdaderos, los mendigos han visto la oportunidad de poder sacar unas rupias a los turistas vistiéndose de Shadus a cambio de una foto o de una falsa bendición.

Falsos Sadhus en Durbar Square de Kathmandú

No todos ellos piden dinero. En los templos antiguos que hay en la otra orilla del río Bagmati, justo enfrente de donde se hacen las cremaciones, vivien unos cuantos Sadhus en una especie de soportal. lo único que poseían era cuatro posters de Shiva mal puestos en la pared. Ninguno de los que pedimos permiso para hacerle una foto o charlar con ellos nos pidió dinero, es más, nos ofrecieron fumar y beber un líquido blanco en un vaso sucísimo. Otros directamente nos decían con un gesto que no les hiciéramos foto. Por esto dedujimos que eran auténticos Sadhus.

Había alguno que estaba solo, en postura de meditación, con su tridente apoyado en la pared, otros estaban en grupo, lo que si tenían en común todos, era el color de sus túnicas, bueno, algunas descoloridas y viejas por el paso del tiempo, pero todas en su día habían sido color azafrán que significa que han sido bendecidos.
En ese rincón se respiraba algo distinto, algo místico.
Era difícil saber sobre ellos, no hablan inglés, nosotras queríamos ir más allá de la wikipedia, por qué tomaron esta decisión, sus experiencias personales…, pero nuestro intento fué imposible, nos hablaban en Nepalí.

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Otros Sadhus que nos encontramos alrededor del templo, a nuestro parecer, siempre desde nuestra humilde impresión, daban la sensación de que daban la nota en su manera de vestir para atraer a los turistas y sacarles unas rupias. Su comportamiento era diferente a los hombres de los soportales. Éstos siempre pedían dinero, incluso si alguien les enfocaba con su cámara sin haberles dado dinero antes se ponían agresivos.

Una manera de hacer el mono para conseguir unas rupias. (Pashupatinath)

 

Cuantos más adornos, más provocación al turista.

Hay distintas clases de Sadhus:
Los Nagas
Dicen que ya existían en la prehistoria. Van desnudos (eso significa naga), cubiertos solamente con vibhuti, o ceniza sagrada, constituyen una de las sectas menos conocidas. Se dice que pasan la mayor parte de sus vidas en el Himalaya, donde viven al margen de la sociedad desde el momento en que deciden convertirse en ascetas. Dejan crecer su pelo en bucles llamados «jata». Algunos de ellos fueron entregados por sus padres a un gurú que, tras adoctrinarles y utilizarles como esclavos durante años, les permitió convertirse a su vez en maestros. Otros por sí mismos decidieron abandonar el mundo material y renacer en el espiritual. Tanto es así, que los hay que celebran sus propio funeral y se deshacen de todos sus bienes y documentos. El Estado indio, que reconoce la muerte legal (aunque no física) de los Sadhus, dejará en ese momento de considerarles ciudadanos de este mundo. Ha muerto un hombre y ha nacido un Sadhu.
El celibato, más fácil de llevar gracias a las pipas de hachís que fuman contínuamente, les servirá para concentrar su energía y buscar la «iluminación». Para un naga Sadhu, tener un hijo supondría una catástrofe, pues alargaría el ciclo de reencarnaciones del que quieren escapar.

Los Dandis
Son de origen brahman y grandes sabios. Se dedican a la meditación y conocen muy bien las escrituras. Suelen ir ataviados de una «danda», un cayado de bambú del que no pueden separarse.

Los Aghoris
Los aghoris no evitan el contacto con todo lo considerado impuro, sino que lo han convertido en su razón de ser. Ellos sostienen que las personas que practicas el canibalismo tienen poderes mágicos, vida eterna y pueden relevar el dolor. Muchos hindúes los califican como «no hindúes» por tener rituales de canibalismo. Sin embargo, los aghoris, a diferencia de otros grupos que lo practican, no matan humanos para comer, sino que comen carne humana de personas ya fallecidas.

  

 

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